Mi abordaje terapéutico en la terapia es acompañar a las personas para que tomen conciencia de la parte de responsabilidad que tienen en su propia vida, y puedan modificar sus circunstancias personales y su experiencia, respetando sus ritmos y sus necesidades.
Con la terapia, se facilita que las personas se conozcan de manera
cada vez más profunda, impulsando la capacidad de cada individuo
en la resolución de sus problemas, el desarrollo integral del ser humano y en la consecución de una vida más plena y satisfactoria.
Atiendo a personas que están pasando por alguna situación personal, familiar o profesional complicada (enfermedad, duelo, separación, adicciones, despido, relaciones difíciles con sus hijos o hijas, etc.). Que sienten algún tipo de malestar mental o emocional como angustia, depresión, estrés, confusión, crisis vitales, baja autoestima etc. O que desean profundizar en su desarrollo personal.
Los problemas de salud emocional y mental de las mujeres necesitan de un tratamiento psicológico especializado que parta de las maneras en que ellas dan sentido, significado y entienden el sufrimiento y el bienestar.
La mayoría de las mujeres, en algún momento de nuestras vidas, padecemos una crisis de identidad de género, unas veces producida por la experiencia de algún suceso traumático de género y otras
veces, sin hechos traumáticos visibles, por la acumulación de micro violencias así́como de numerosas contradicciones y frustraciones por practicar los roles y mandatos de la socialización de género. Todo esto produce efectos muy negativos en nuestra salud integral.
Atiendo a mujeres cuya problemática pueda estar relacionada, entre otras, con:
La exigencia de ser “la buena madre”, la madre perfecta. Mantener relaciones de pareja no satisfactorias. Conflicto con el deseo o rechazo de ser madres. Tener prácticas sexuales poco placenteras. El exceso de horas de trabajo (trabajo doméstico y trabajo fuera del hogar). La sobrecarga del cuidado de las personas dependientes (personas mayores, niños/as, personas con alguna discapacidad). Sentir miedo e inseguridad frente a la soledad. Tener una mala relación con el propio cuerpo. La adaptación a los diferentes ciclos de la vida (adolescencia, madurez, menopausia, envejecimiento). Sentimiento de frustración al aplazar constantemente las necesidades y deseos propios. Presentar un malestar general o estado depresivo sin causas claramente determinadas.